Hoy ha sido un día de friquear.
Yo pensaba que nada podía ser peor que ir a visitar el barco más grande del
mundo de instalación de turbinas eólicas. Lo que no sabía yo es cuan equivocado
podía estar. Es que claro, uno no se acostumbra a estar en una universidad tan
tremendamente friki como la DTU. Después de ir a visitar el barco en cuestión y
el parque de atracciones más famoso de Dinamarca, Tivoli, nos hemos dicho “Por
qué no vamos al Cellar-Bar? (Bar localizado dentro del campus de la DTU) Y
claro, teniendo en cuenta que allí nos hemos pegado buenas fiestas, hemos
puesto la directa hacia allá. Craso error, que hemos descubierto una vez
alcanzado nuestro destino.
Hemos llegado allí y en el local se encontraba
reunida la “creme de la creme” como bien ha apuntado Petros, el “club de los
vírgenes” Nos hemos encontrado rodeados de un selecto grupo de especímenes que
un sábado por la tarde no tenían mejor ocupación que estar en un bar jugando a
un Monopoly de….Pokemon!!!!! Efectivamente, como lo oís. Cuando la juventud copenhaguense
se reúne para salir, hay un selecto grupo de estudiantes de la DTU que se
empeña miserablemente en tirar su vida a la basura. Pero lo peor es que allí
estábamos nosotros, rodeados de tamaños Latín lovers, con nuestras cervezas y
chupitos (Gracias Jonathan por hacerme probar el peor chupito de mi vida, a
saber, Tequila, Sambuco y Tabasco, solo apto para atrevidos)
La fauna era ciertamente
indescriptible, desde el danés semidesnudo con un gorro de cabeza de cerdo
hasta el padre-abuelo desquiciado porque sus hijas habían estudiado español en
vez de alemán en el colegio (OLE)
Lo cierto es que esta noche ha
sido toda una experiencia, alternar con gente que lo más cerca que ha estado
del sexo es el día que fueron concebidos no es algo que se viva todos los días,
y con un poco de suerte es algo que no viviré hasta dentro de mucho tiempo.
Pero hasta entonces siempre quedaran en mi memoria reminiscencias de esta noche
tan poco ordinaria.
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