8:30. Esa es la hora a la que
estos desalmados daneses nos han citado en el Sport Hall. Y no es que a mí me
cuestes demasiado levantarme a las 7 pero vamos que podían empezar un poco más
relajadamente. Nos reciben en un polideportivo inmenso, que ya quisiera la UPM
para sí misma. Nos han dividido en mesas en función de si somos estudiantes de
Master o Exchange students. Y aquí me llevo mi primer susto porque no me
encuentro en las listas, pero es lo que tiene mirar la lista que no se
corresponde. Una vez encuentro la correcta descubro que mi grupo es el N, así
que me dirijo a la mesa que está vacía así que me siento y me encuentro una
carpeta con un montón de panfletos e información de utilidad. De repente
aparece un chavalín, y digo chavalín porque tienen una cara de niño que no
puede con ella, y me dice que se llama Kristian y que va a ser mi guía, “nice
to meet you” bla bla lo típico. Un chaval majete este Kristian. Van llegando el
resto de mis compañeros y los hay de todas partes: Alemania, Italia, Grecia (la
mitad de Grecia ha venido a la DTU), Islas Feroe, Islandia, México, Rumania y
España.
Tras un ligero desayuno nuestros
guías nos llevan a dar una vuelta por el campus, y es aquí cuando me doy cuenta
que realmente me encuentro en una universidad para ingenieros. El campus está
dividido en cuatro cuadrantes, con sus respectivos ejes cartesianos, y todos
los edificios los puedes localizar por sus coordenadas. Es decir, si buscas el
edificio 134, el 1 significa que se encuentra en el primer cuadrante y el 3,4
serían las coordenadas en el eje x e y respectivamente. En fin, una frikada de
esas que nos gustan a los ingenieros. Tras ese paseo enseñándonos toda la
universidad que tiene muy buena pinta, nos dirigimos de nuevo al Sport Hall
donde comenzamos una competición en la cual tenemos que contestarr cierto número
de preguntas cuyas respuestas se pueden
encontrar por todo el campus.
Una vez hecho esto, empieza la segunda prueba
en la cual tenemos que construir un puente y una torre a base de espaguetis y
malvaviscos. Ni os imagináis la presión que fue esto para mi, todos se giraron
hacia mi y me dijeron “You’re the Civil Engineering…” mirándome con cara de “Iluminanos,
oh maestro” y claro ahí estoy yo, cagándome en la maldita hora en la que
confesé lo que iba a estudiar, dirigiendo nuestros pobres esfuerzos con mis
pobres conocimientos de hacer torres. La tortura duró 40 minutos. Os ahorraré
el coñazo de contaros el proceso, me limitaré al resultado. La torre se
derrumbó a los 5 segundos de vencer el plazo. He de decir que fue un proceso
muy a la española. Oye que esto se cae, pon un parche. Esto se está torciendo,
otro parche. Así hasta conseguir una torre de parches que acaba colapsando bajo la inevitable certeza de nuestra
inutilidad. Tras este colapso mis compañeros me miraban desolados sin explicarse
que podía haber pasado y a mí me entraron ganas de decirles “¿Os habéis fijado
en esos mágnificos ejemplares de “Quercus Robur” que hay a la entrada”
Acabamos el día tomándonos unas
cervezas en la Student House, que deja cualquier delegación de alumnos de
cualquier facultad de España a la altura del betún, y del barato. En resumen fue
un día intenso muy interesante.
mmm... malvaviscos estructurales
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